PREVENIR MEJOR QUE CURAR

Mostrando entradas con la etiqueta Nutrición y gastronomía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Nutrición y gastronomía. Mostrar todas las entradas

lunes, 9 de febrero de 2009

El Pollo a la Brasa: Mas popular que el Ceviche y el Pisco Sour

El Pollo a la brasa es uno de los platos típicos de la gastronomía peruana y uno de los de mayor consumo en el Perú, incluso por encima del ceviche, el chifa y las especialidades de la comida rápida. Este plato es muy popular en todo Lima y en el Perú, inclusive a trascendido las fronteras al parecer por esa manera tan peculiar de dorarse y oler que inmediatamente enciende el aparato digestivo desde la boca hasta nuestras entrañas mas antojadas.

La historia de este agradable potaje, muy fácil de comer y que está al alcance de todos, se remonta al interior del país, se cree que originariamente se comía el ave asada al palo en una sola pieza. Todo hace suponer que los huancaínos (llámese a los habitantes de Huancayo, ciudad de la sierra peruana) son los primeros en probar cocinar al pollo de esta manera. A esta preparación se le denominaba Waku canca.

Luego antes que terminara la primera mitad del siglo pasado, en el puerto del Callao, por la Avenida Estados Unidos en pleno Chucuito , aparece un local en donde se horneó por vez primera con un horno mecánico con palieres paralelos, llamados spedios. Ahí hasta ahora se sigue degustando el verdadero sabor del Pollo a la Brasa peruano, aquel acompañado de sus grandes amigas: las papas fritas en tiras y de su archi conocido aji crema. Este lugar tiene el nombre actualmente de “Se salió el pollo”. Es una de las poquísimas pollerías que sobreviven de esa época de gloria de los comensales de pollo a la brasa), llegaba el mozo, antes de traer la cuenta, con un tazón que olía a limonada para que uno metiese los dedos. Era la delicia de los niños, tan acostumbrados a que los padres nos prohibieran tamaña chanchada. En Surquillo, la Avenida Abancay y San Juan de Miraflores, eran otros lugares en donde así se comía el pollo a la brasa. Además te obsequiaban tu Caldo de gallina y años más tarde tu Aguadito de menudencias....ahhhh...aquellos tiempos.

Sin embargo el pollo a la brasa peruano es obra de dos familias de origen suizo. Don Heriberto Ruiz Sánchez, dueño de la fábrica de hornos y cocinas industriales H. Ruiz Hermanos, lo recuerda así. Cuenta que allá por inicios de la década del cincuenta llegó al Perú, huyendo de la Segunda Guerra Mundial, el ciudadano suizo Roger Schuler, que vino al Perú interesado en la industria hotelera, éste se interesó en este nuevo sabor y manera de comer pollo, y decidió investigar más sobre como lograr un sabor único y un proceso de producción que pudiera darle impulso de negocio rentable.

El 5 de febrero de ese mismo año Roger buscó a su amigo y compatriota Franz Ulrich, un experto en metal mecánica y le pidió que le construya un horno con características especiales... le pidió que sea capaz de hacer girar unas barras de fierro que cargarían el peso de 8 pollos bebés de un kilo cada uno aproximadamente... este invento fue llamado el “rotombo”.

Lo primero que hizo Ulrich antes de conocer a Schuler fue montar una industria de hornos de ladrillos y metal para abastecer el pequeño mercado de panaderías y restaurantes en Lima. Y allí, en su desaparecida planta de El Porvenir, lo conoció don Heriberto, quien por entonces trataba de hacerse un futuro como ayudante de obrero. Don Heriberto dice que los primeros que le encargaron un horno a Ulrich con el exclusivo propósito de abrir una pollería fueron los Schuler, la misma familia del piscómano peruano Schuler. Los Schuler, también de origen suizo, fundaron La Granja Azul, pero le pusieron una estricta condición a su compatriota Ulrich: que no podía vender otro horno de similares características durante un lapso de dos años. La Granja Azul tenía que ser una pollería exclusiva. Un letrero en plena carretera central de los años 50 decía “Coma todo el pollo a la brasa que quiera por 5 soles”, marcó el éxito del negocio desde el primer día.

Don Abelardo Marcos, dueño de cinco pollerías que se llaman todas El Súper Gordo, dice que cuando él inauguró la primera, un lejano 27 de julio de 1966, la moda limeña exigía servir el ave descuartizada sobre adornados cestos de paja en vez de platos. Entonces el pollo a la brasa no era comida popular ni democrática. Además, acabado el festín, las pollerías tenían que ofrecer una vasija con agua tibia y rodajas de limón para que los comensales se limpiaran la grasa de las manos. Porque eso sí: el pollo a la brasa se comía con las manos. Y no era diferente en La Granja Azul de Chaclacayo ni en El Cortijo de Barranco ni en El Festejo del Rímac. En fin. El asunto es que don Abelardo Marcos llegó a tener trece pollerías en Lima, una granja y cinco camiones repartidores. Y él era dueño, cajero, mozo y chofer. El pollo a la brasa no es 'fast-food'. Todo pollo que gire desplumado sobre un colchón de carbones ardientes tarda 45 minutos en cocinarse.

Arnold Wu, peruano de origen chino y viajero cosmopolita antes que empresario pollero, estaba convencido de eso cuando decidió convertirse en gerente general del Pardo's Chicken. Eso fue en 1998. Cinco años después, su cadena de pollerías a la brasa cuenta con nueve locales en Lima, otro en el barrio exclusivo de Las Condes, en Santiago de Chile, y está a punto de incursionar en Miami, donde las pollerías que llevan el rótulo de 'peruvian style' están contribuyendo a la caída del imperio de las hamburguesas en serie y otros engendros de la comida chatarra.

Medio siglo después, el pollo a la brasa es el tipo de comida que más peruanos prefieren dentro del país y que más añoran los desperdigados por todo el mundo. Según una investigación realizada hace poco por la empresa Ima, Estudios de Márketing, el 78 por ciento de familias peruanas recurre a una pollería con frecuencia, para comer allí, pedir por 'delivery' o llevar en bolsa. Luego siguen los chifas, las pizzerías y las cebicherías. Los demás tipos de comida peruana rozan apenas el 28 por ciento. Para el sociólogo Willy Nugent, esto se debe al bajo precio que ha permitido la industrialización del pollo. El pollo es más barato que la carne de res y más comercial y fácil de preparar que el pescado (por ello también más barato). Con el pollo a la brasa, hoy toda una familia puede salir a comer a la calle por 25 soles, gaseosa de litro y medio incluida.

Originalmente su consumo se centralizaba en las clases altas (desde las décadas de 1950 hasta 1970 aproximadamente) pero paulatinamente se fue masificando, en la actualidad existen cadenas orientadas a un público exclusivo y otras que se dirigen a las clases populares; el plato suele ser el mismo con muy ligeras diferencias, la diferencia está en las facilidades y la estética de sus locales. Las pollerías –denominación que tienen en el Perú los locales donde se ofrece este plato– abundan en todas las ciudades del país y es un alimento consumido por todos los estratos socio-económicos y culturales de la sociedad peruana.

El Pollo a la brasa es un potaje de mucha demanda y su sabor altamente reconocido. Es por eso que en la segunda mitad del siglo pasado, fue reconocido como Patrimonio de la Nación, el Instituto Nacional de Cultura (INC) no dudó en darle esta denominación a través de una resolución directorial publicada en el diario El Peruano, reconociéndolo como uno de los platos con mayor demanda en consumo del país.

Existe en la memoria de los románticos límeños otros Pollos a la brasa como los aromáticos del Pío Pío del Óvalo Gutierrez, La Cumbre de Surquillo, los grasosos de El Super Gordo de la avenida Abancay y los chiclosos de La Caravana de Pueblo Libre. Al final de cuentas, señora, de los hoy 49 distritos y 2 provincias de la Gran Lima, barrio que no tenga su pollería no es barrio. En todo caso, el boom de las pollerías es muy anterior al boom de los hostales de hoy en día.

Fuentes:
Redacción Periodística ISIL
Perú 21. Diario matutino
El Pollo a la brasa es peruano. Portal gastronómico

viernes, 20 de junio de 2008

El Café: El Rey de las bebidas placenteras


Si eres una de esas personas que lo único que puede sacarlas de la cama en las mañanas es la idea de tomar una rica taza de café, estás en el lugar correcto. Sin embargo existen muchas personas que se asustan con el café. La cafeína es saludable si la ingerimos en la medida correcta.

Cuenta la leyenda que el café, la llamada bebida intelectual porque estimulando aclara las ideas y hace más viva la imaginación, lo descubrió un cabrero Yemen quien vio a sus animales brincar y danzar efusivamente luego de comer los frutos rojos de un matorral. Sorprendido de los efectos también probó, descubriendo que podía mantenerse despierto mientras hacía sus oraciones. Verdad o no, la historia oficial dice que el café es originario de Etiopía, Africa, y fue desde allá que se expandió a Yemen, Arabia y Egipto. Más tarde, en el siglo XIV, se comienza a vender en Europa y a partir de 1727 es cultivado en Centro y Sudamérica.

La cafeína la encontramos no solamente en el café, sino en el té, en ciertas bebidas deportivas, gaseosas y en el chocolate, por lo que huir de ellos es difícil (mas no imposible, cuestión de decisión), pero principalmente la acotación sirve para que una vez identificados todos los alimentos que contienen cafeína las consideremos para no pasarnos de un nivel moderado de consumo, es decir, no sólo decir: "ah, estoy bien pues tomo tres o dos tazas de café", pero a la vez consume bastante chocolate, té, gaseosas, etc. aumentando la dosis adecuada de cafeína.

El café es un estimulante natural, una a dos tazas pequeñas al día van siempre bien. Existen estudios e investigaciones que afirman que el café es hepatoprotector, inclusive. Sin embargo tomarlo en exceso y cuando uno es adulto mayor, puede provocar la osteoporosis al evitar la fijación del calcio en los huesos y aumentar el colesterol malo de la sangre.

Otra bondad que se le conoce al café, es que protege al organismo del cáncer. Se cree que la bebida, además de aumentar la circulación de los alimentos en el intestino, disminuyendo la exposición a sustancias que inducen el cáncer, ayuda a disminuir la producción de ácidos biliosos que desempeñan un papel activo en fomentar la aparición de cáncer de colon.

Es muy rico en antioxidantes y es a la vez diurético. La conclusión es que el adulto consume en promedio 1.299 miligramos de antioxidantes en el café. Los antioxidantes del café son los llamados polifenoles. A veces están ligados a una molécula de azúcar, que oculta el grupo antioxidante.

Pero el café es mucho más que sus recetas y su valor nutricional. Sus propiedades estimulantes gozan, incluso, de prestigio intelectual. El escritor Honrato de Balzac sostenía que, tan pronto cae en el estómago, “el organismo sufre una conmoción general y las ideas se ponen en movimiento”. Por eso siempre digo que "El café es el rey de las bebidas placenteras, el más popular después del agua".
Artículos relacionados
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...