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sábado, 23 de agosto de 2008

El Misterio de los Hongos: lo Bueno, lo Malo y lo Feo

Se les ha llamado veneno, poción de amor, alucinógeno, suero de la verdad, semilla del demonio, ángel destructor, quimera, ilusión y cura milagrosa para todo -desde una libido deprimida hasta un ritmo cardiaco debilitado. Los hongos, con sus numerosas identidades e infinitos sobrenombres, se han convertido en materia prima de la mitología. Y debido a que estos hongos de producción prolífica -cuyas especies se encuentran en los miles (aproximadamente 3,300 especies en 38,000 variedades, para ser exactos)- han sido tanto alabados como denigrados durante toda la historia registrada. Ahora nosotros tenemos esta oportunidad de ofrecer una perspectiva más clara al respecto.


Más o menos en los últimos cincuenta años, en gran parte debido a la apasionada imaginación de chefs franceses e italianos que son famosos en todo el mundo y al rápido incremento en la popularidad de la cocina china, tai y vietnamita, los hongos se han convertido en los consentidos del "bello mundo" y en el furor de la cocina gourmet internacional. Encarnaciones actuales como los hongos Portobello, porcini, ostión, botón y (hasta) shiitake se deslizan ágilmente por el paladar del aficionado promedio a las entradas, sopas, salsas y ensaladas de diseñador en los bistros locales y restaurantes de tendencias modernas. Entre éstos, sólo los hongos shiitake disfrutan de una reputación de beneficio "terapéutico". Y por lo general son bastante caros para ser adoptados como parte de la dieta diaria promedio. Y si bien pocos de los otros hongos tienen una reputación notable como "promotores de salud", algunas variedades de los hongos de consumo común si tienen una gama sorprendente de nitricientes que han ayudado a validarlos como una parte aceptable de la dieta moderna.


Se ha encontrado que muchos tipos de hongos son ricos en selenio, antioxidantes y mezclas esenciales de otras trazas minerales. Y en particular una familia de hongos asiáticos ha logrado calificar como alimentos versátiles que de hecho están probando ser buenos para que muchos de ellos son sencillamente demasiado costosos para que formen parte de la dieta diaria y se compran como suplementos caros, fórmulas herbales sin receta (en algunos países) concentrados que se venden con prescripción médica.



Fuente:
Gano Café: Sabor y salud

sábado, 12 de julio de 2008

Mas vale hablar que callar

Me enteré hace algunas semanas de una investigación que se realizó en el estado de Illinois en Estados Unidos en la que se concluía que el discutir y no controlar la ira nos podría salvar la vida. Hasta ahora creía que hacerlo era nocivo y perjudica la relación de pareja, pero me dí cuenta que la discución con el otro debe ser alturada y sin exagerar, sobre todo si se trata de nuestra pareja.

Esta búsqueda se circunscribió a un dato puntual: cómo reaccionaba cada uno frente a una agresión verbal considerada injusta. La cuestión era si reprimía o no la ira. Las conclusiones fueron terminantes: en las parejas cuyos integrantes suprimían sistemáticamente los enojos, el índice de mortalidad temprana, principalmente por factores cardiovasculares, fue del 23%. Pero entre los miembros de parejas capaces de enfrentar el conflicto, consensuar diferencias y resolver las crisis, fue de sólo el 6 por ciento.

En una persona que se siente atacada injustamente se dispara un sentimiento automático de ira. Si la suprime, la ira se internaliza y comienza un proceso rumiante de repetición mental de las imágenes de la pelea, que finalmente se convierte en resentimiento. Si esta conducta persiste, desequilibra todo el funcionamiento corporal. La ira reprimida, la imposibilidad de canalizar adecuadamente el enojo y las interacciones hostiles dentro de la pareja son fuentes de estrés con un poder devastador, que se refleja en una variada gama de síntomas físicos y psíquicos.

Existe un buen libro de la psicóloga argentina Patricia Faur de la Universidad de Favaloro, que se llama Amores que matan, en él ella define el estrés conyugal como un proceso de desgaste de la comunicación, que se mide a través de la presencia de ciertos indicadores de hostilidad explícita o implícita en los gestos cotidianos: violencia verbal y no verbal, descalificación, sarcasmo, burlas, ironía, silencios, manejo y control del dinero y la sexualidad. Estos rasgos, que inicialmente pueden estar presentes en discusiones abiertas, se van convirtiendo en rasgos estables de la relación y van instalando el maltrato psicológico como algo natural e invisible. Pero de eso no estamos hablando.

Reprimir la ira es impedir la resolución del problema, pero la forma de expresarla tiene sus límites. Tenemos que desarrollar una escucha saludable, o sea no pensar en otra cosa mientras el otro está hablando; no interrumpirlo (solamente puede hablar uno por vez); calmar los sentimientos negativos enfocando la mente en el contenido intelectual de la conversación; tratar de ignorar transitoriamente aquellos rasgos del otro que resultan molestos, y abrir la agenda de temas hasta consensuar algún acuerdo que restaure el sentimiento de justicia.

También es preciso pedir sinceramente al otro que nos explique su pensamiento. Nos situamos en una condición optima para contrastar objetivamente su deseo de fondo y provoca en el otro la actitud de apertura. Cambiar uno mismo como invitación para que el otro modifique su conducta. El principio es el siguiente: si quieres cambiar al otro, cambia tu primero en algo.

Otro consejo podría ser el expresar la ira en el momento de la discusión, evitando toda conducta violenta, que sólo exacerba el problema en lugar de ayudar a resolverlo. Por otra lado no debemos eludir la discución por encima de todo, ni se debe cortar saliendo ostentosamente de la escena, cuando se teme estar equivocado. Y si se hubiera obrado así­ ten la honradez de volver, pasado el momento del enfado, y replantear el asunto hasta alcanzar el acuerdo deseable.

Si bien la comunicación tiene que ser honesta y directa, sin ambigüedades, no tiene que lastimar. A veces, es eficaz acercarse al dolor del otro y tratar de entenderlo, en lugar de utilizar el conocimiento sobre sus debilidades para golpear justo ahí, donde se sabe que más duele, alerta, y realza el potencial no sólo de las palabras, sino también de los silencios, de convertirse en sustitutos de la acción.

El escenario que se despliega al cruzar la frontera entre la discordia conyugal y un buen vínculo de pareja, en las relaciones sanas, se puede opinar sin temor de herir ni de ser herido; no hay descalificaciones ni críticas veladas; la comunicación es directa y franca. No se calla nada porque no se le teme al trabajo emocional y se aceptan las discusiones y los desacuerdos porque se toleran las diferencias.

viernes, 20 de junio de 2008

El Café: El Rey de las bebidas placenteras


Si eres una de esas personas que lo único que puede sacarlas de la cama en las mañanas es la idea de tomar una rica taza de café, estás en el lugar correcto. Sin embargo existen muchas personas que se asustan con el café. La cafeína es saludable si la ingerimos en la medida correcta.

Cuenta la leyenda que el café, la llamada bebida intelectual porque estimulando aclara las ideas y hace más viva la imaginación, lo descubrió un cabrero Yemen quien vio a sus animales brincar y danzar efusivamente luego de comer los frutos rojos de un matorral. Sorprendido de los efectos también probó, descubriendo que podía mantenerse despierto mientras hacía sus oraciones. Verdad o no, la historia oficial dice que el café es originario de Etiopía, Africa, y fue desde allá que se expandió a Yemen, Arabia y Egipto. Más tarde, en el siglo XIV, se comienza a vender en Europa y a partir de 1727 es cultivado en Centro y Sudamérica.

La cafeína la encontramos no solamente en el café, sino en el té, en ciertas bebidas deportivas, gaseosas y en el chocolate, por lo que huir de ellos es difícil (mas no imposible, cuestión de decisión), pero principalmente la acotación sirve para que una vez identificados todos los alimentos que contienen cafeína las consideremos para no pasarnos de un nivel moderado de consumo, es decir, no sólo decir: "ah, estoy bien pues tomo tres o dos tazas de café", pero a la vez consume bastante chocolate, té, gaseosas, etc. aumentando la dosis adecuada de cafeína.

El café es un estimulante natural, una a dos tazas pequeñas al día van siempre bien. Existen estudios e investigaciones que afirman que el café es hepatoprotector, inclusive. Sin embargo tomarlo en exceso y cuando uno es adulto mayor, puede provocar la osteoporosis al evitar la fijación del calcio en los huesos y aumentar el colesterol malo de la sangre.

Otra bondad que se le conoce al café, es que protege al organismo del cáncer. Se cree que la bebida, además de aumentar la circulación de los alimentos en el intestino, disminuyendo la exposición a sustancias que inducen el cáncer, ayuda a disminuir la producción de ácidos biliosos que desempeñan un papel activo en fomentar la aparición de cáncer de colon.

Es muy rico en antioxidantes y es a la vez diurético. La conclusión es que el adulto consume en promedio 1.299 miligramos de antioxidantes en el café. Los antioxidantes del café son los llamados polifenoles. A veces están ligados a una molécula de azúcar, que oculta el grupo antioxidante.

Pero el café es mucho más que sus recetas y su valor nutricional. Sus propiedades estimulantes gozan, incluso, de prestigio intelectual. El escritor Honrato de Balzac sostenía que, tan pronto cae en el estómago, “el organismo sufre una conmoción general y las ideas se ponen en movimiento”. Por eso siempre digo que "El café es el rey de las bebidas placenteras, el más popular después del agua".
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